SOFONISBA ANGUISSOLA, la única

Julio 28th, 2011

 

 

Hace días atrás leí con mucho asombro la noticia de que Sofonisba Anguissola es la única mujer con obra expuesta en el Museo del Prado!!!!

De los 1.100 cuadros que están expuestos en ese Museo, sólo hay tres pintados por una mujer y los tres son de Sofonisba. Para más datos, de los 8.000 cuadros que componen el fondo de la pinacoteca, sólo hay 45 cuadros pintados por una veinte pintoras…

Como dice el artículo (que recomiendo leer completo aquí) lo peor de todo es que a nadie parece llamarle la atención.

Laura Freixas, presidenta de la asociación Clásicas y Modernas (creada para la igualdad de género en el ámbito de la cultura), afirma que “Las mujeres en la cultura estamos doblemente invisibilizadas: somos invisibles, pero además, el hecho de que seamos invisibles resulta invisible a su vez. Está tan naturalizada la exclusión de las mujeres, que nadie parece reparar en ella, ni siquiera las interesadas”. Creo que tenemos mucho que pensar partir de esto y que la creencia de que estamos en buen camino, es s´´olo una ilusión…

Pero, ¿quién fue Sofonisba Anguissola?

Sofonisba Anguissola nació en Cremona (actual Italia) hacia 1532. Era la mayor de siete hermanos, seis de los cuales eran niñas. Su padre, Amilcare, miembro de la baja nobleza genovesa, animó a sus hijas (Sofonisba, Elena, Lucía, Europa, Minerva y Ana María, además de Asdrúbal, el varón) a cultivarse y perfeccionar sus talentos. Cuatro de sus hermanas también fueron pintoras, pero Sofonisba fue de lejos la que mejor lo consiguió.

A la edad de 14 años su padre la envió a estudiar pintura, junto con su hermana Elena, a estudiar con Bernardino Campi, un respetado pintor de la escuela de Lombardía. Cuando Campi se mudó a otra ciudad, Sofonisba continuó sus estudios con el pintor Bernardino Gatti. Es interesante resaltar que el hecho de que Sofonisba estudiara con artistas locales sentó un precedente para que las mujeres fueran aceptadas como estudiantes de arte.

A los 22 años, Sofonisba viaja a Roma, donde conoce a Miguel Ángel por mediación de otros pintores que conocían bien su obra. Este encuentro con el artista fue muy importante en el desarrollo artístico de Sofonisba. Parece que Miguel Ángel quiso probarla y le pidió que pintara un niño llorando, Sofonisba dibujó Asdrúbal mordido por un cangrejo, y cuando Miguel Ángel lo vio, reconoció de inmediato el talento de ella. Se dice que esta obra inspiró a Caravaggio su Niño mordido por un lagarto.

A partir de ese momento, Miguel Ángel le daba bosquejos de su cuaderno de notas para que ella los pintara con su estilo personal y le ofreció consejo sobre los resultados. Durante al menos dos años, Sofonisba continuó este estudio “informal”, recibiendo una sólida orientación del mismo Miguel Ángel.

No obstante, no lo tuvo fácil, pues a pesar de que contó con coraje y apoyo, más que el resto de las mujeres de su época, su clase social no le permitía ir más allá de los límites impuestos para su sexo. No tuvo la posibilidad de estudiar anatomía o dibujar del natural, pues era considerado inaceptable para una mujer que viera cuerpos desnudos. Ella buscó alternativas pintando retratos (muchas veces usando a su familia como modelo) en posiciones originales y poco tradicionales para la época.
La mayoría de sus primeras obras son retratos, o bien autorretratos -de los que hizo muchísimos-, o bien, como decíamos, retratos de su propia familia, pero pronto su valía trascendió el marco familiar En 1558, Sofonisba se desplazó a Milán, como una pintora ya consagrada a pesar de ser muy joven. Allí pintó al Duque de Alba, quien a su vez la recomendó al rey Felipe II de España. Al año siguiente, fue invitada a visitar la corte española, lo que representó un momento crucial en su carrera. Entonces tenía 27 años.
En el invierno de 1559-1560 Sofonisba llega a Madrid para convertirse en pintora de la corte además de dama de compañía de la nueva reina Isabel de Valois, tercera esposa del rey. Enseguida se ganó la estima y confianza de la joven reina. Durante este tiempo, trabajó estrechamente con Alonso Sánchez Coello; se aproximó tanto a su estilo, que inicialmente el famoso Retrato del Felipe II, en edad mediana, fue atribuido a Coello. Ha sido recientemente cuando se ha reconocido a Anguissola como la autora del mismo.
Cuando murió Isabel de Valois, Sofonisba no abandonó la corte española, como hubiera sido lo lógico, sino que Felipe II la animó a quedarse cuatro años más, ayudando en la crianza de sus dos hijas. A cambio, el rey la ayudó a asegurarse un porvenir, promoviendo su boda con un noble siciliano, Fabricio di Moncada, y sufragando la fastuosa celebración con la que los reyes le agradecieron los servicios prestados. Su matrimonio sólo duró cuatro años, cuando queda viuda y decide volver a Cremona, en plena travesía se enamoró del capitán del barco, Orazio Lomellini, que al poco tiempo se convertiría en su segundo marido. Se casaron en 1580 en Pisa. Orazio reconoció y apoyó su trabajo de pintora. Se establecieron en Génova, en una gran casa en donde pudo tener su propio estudio y tiempo para pintar y dibujar. La fortuna personal de Orazio, además de la generosa pensión que le otorgó Felipe II, permitió a Sofonisba pintar libremente y vivir cómodamente. Bastante famosa en aquellos momentos, recibió la visita de muchos de sus colegas. Varios de éstos eran más jóvenes que ella y aprendían e imitaban el estilo distintivo de Anguissola.

Por ejemplo, en Sicilia está documentada una visita que le hizo el entonces jovencísimo Van Dick, que le hizo dos retratos y anotó en su diario la profunda impresión que le causó la artista.

Boceto de van Dyck

Hasta 1620 siguió trabajando, pues de esta fecha es su último autorretrato, quizás su última obra. Murió a la edad de 93 años, una edad insólita para aquellas épocas, en Palermo en 1625.

Autorretrato, 1620

Sofonisba fue ante todo una buena retratista, capaz de modelar con acierto las figuras y sobre todo de dotarlas de una lograda profundidad psicológica, una interrelación gestual que en muchas ocasiones traslada al propio espectador, con el que se comunica en muchas de sus obras directamente a través de la mirada intensa de sus retratados

Siete años después de su muerte, en lo que sería la celebración del centenario de su nacimiento, su viudo colocó una inscripción en su tumba en la que se leía: «A Sofonisba, mi mujer …. quien es recordada entre las mujeres ilustres del mundo, destacando en retratar las imágenes del hombre … Orazio Lomellino, apenado por la pérdida de su gran amor, en 1632, dedico este pequeño tributo a tan gran mujer».

La muerte la condenó al olvido y sus obras fueron adjudicadas a Zurbarán, Antonio Moro, Tiziano, Sánchez Coello, Bronzino, Moroni, El Greco o Van Dyck, y aun hoy continúa siendo objeto de debate la autoría de La dama del armiño, adjudicada a El Greco.

Sofonisba dijo en cierta ocasión: «La vida está llena de sorpresas; intento capturar estos preciosos momentos con los ojos bien abiertos».

Aquí hay una excelente galería de sus cuadros.

Fuentes consultadas:

CREHA
Wikipedia

Hay (5)que revolvieron “SOFONISBA ANGUISSOLA, la única”

  1. Jésica dice:

    Hola Glo, que bueno lo de Sofonisba! Por suerte ahora podemos apreciarla. Te cuento que David tiene en su blog del taller de caricatura una columna de links dedicado sólo a las mujeres dibujantes, que se llama GIRLS : http://tallercaricatura.blogspot.com/
    Para animar a las chicas que piensan que sólo los chicos dibujan 🙂
    Beso grande!

  2. Gloria dice:

    Gracias por el comentario, Jési!!! Buenísimo lo de Girls… 😉
    Besos linda!!!

  3. Ana Lilia dice:

    Hola, me llamó mucho la atención cuando vi el nombre de Sofonisba Aguissola, pues recientemente leí una novela histórica sobre ella y me emocionó ver parte de su obra y poder ver su autoretrato. Excelente que las mujeres de esa época pudieran realizar sus aspiraciones cuando eran tan reprimidas.

  4. Gloria dice:

    Hola Ana, gracias por tu comentario! Nos podrías decir cuál es la novela a la que te referís? Gracias!

  5. como pintar con oleo dice:

    La pintura al óleo es una de las pasiones más sublimes ya es capaz de mostrar el verdadero contenido de un ser humano o en otras palabras, su alma. El lienzo en blanco es al igual que una piedra sin tallar, un diamante en bruto que es pulido por las manos del artista que tiene la sensibilidad para hacer aparecer de la nada una bella representación artística.

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