LAS BIOGRAFÍAS

enero 23rd, 2006

Hoy leía que a Virginia Woolf no le gustaban las biografías ni los biógrafos, porque en su opinión ponían la mirada en los hechos y no en las emociones. Tal vez sea verdad, pero también lo es que rescatar las vidas de las mujeres es rescatar nuestra genealogía. Es reconocernos en una línea histórica. Es saber quiénes estuvieron antes que nosotras, es saber que hubo mujeres que hicieron, pintaron, escribieron…
Me gustan las biografías por eso y es por eso que, aunque a Virginia no le gusten, seguiré indagando vidas, para permitirnos a todas saber de dónde venimos…

NUNCA SERÉ VENCIDA

enero 20th, 2006

«Nunca seré vencida. Sólo a fuerza de vencer. Puesto que cada una de las trampas que sorteo me encierran en el amor, que acabará por ser mi tumba, terminaré mi vida en un calabozo de victorias. Sólo la derrota encuentra llaves y abre puertas. La muerte, para alcanzar al fugitivo, se ve obligada a moverse, a perder esa fijeza que nos hace reconocer en ella al duro contrario de la vida. Nos da la muerte del cisne golpeado en pleno vuelo; la de Aquiles, agarrado por los cabellos por no se sabe qué Razón sombría. Como en el caso de la mujer asfixiada en el vestíbulo de su casa de Pompeya, la muerte no hace sino prolongar en el otro mundo los corredores de la huida. Mi muerte, la mía, será de piedra. Conozco las pasarelas, los puentes giratorios, todas las zapas de la Fatalidad. No puedo perderme. La muerte, para acabar conmigo, tendrá que contar con mi complicidad»

Marguerite Yourcenar, «Fuegos»

COCÓ CHANEL

enero 14th, 2006

Coco Chanel - Metropolitan Museum - New York

Se podría decir que Cocó Chanel fue quien inventó a la mujer moderna. Le sacó el corsé con varillas y le cortó el pelo, pero antes de eso, Cocó se inventó a sí misma.

Gabrielle Chanel nació en el hospicio de Saumur el 18 de agosto de 1883. Cuando tenía doce años murió su madre, y su padre no estaba dispuesto a hacerse cargo de ella y sus otros cinco hijos. Así que, como los abuelos no quisieron ocuparse de ellos, el padre ubicó a los tres varones en casa de familia y a las tres niñas las internó en Obazine, un orfanato francés enorme.
Gabrielle nunca superó aquel abandono. «Quería suicidarme. Durante mi infancia sólo ansié ser amada. Todos los días pensaba en cómo quitarme la vida, aunque, en el fondo, ya estaba muerta. Sólo el orgullo me salvó». Un orgullo que, años después, le llevó a su venganza.: transformar aquel humillante uniforme negro del orfelinato en bandera del buen gusto: un Chanel. Odiaba a su familia. «No me gusta. Se nace en ella pero no con ella. No conozco nada más espantoso que la familia».
La vestimenta era sumamente austera y la disciplina que debían observar la hicieron muy testaruda, obstinada y rígida, actitudes que eran para ella un ancla de salvación.
Todavía no tenía sueños concretos, pero lo que sí sabía Gabrielle era que quería salir de ese entorno y ser libre aun al precio de quedarse sola. Pero para eso se necesitaba dinero.

Era el año 1900 y todavía no había alcanzado la mayoría de edad pero todos los testimonios que se conservan sobre ella de esa época coinciden en lo mismo, ella era especial, era algo singular, no una belleza clásica según los cánones de la época, no había en ella ni busto ni caderas, su pelo era espeso y rebelde y sus facciones marcadas y musculosas. Su aspecto tenía cierto carácter andrógino.
Se distinguía por su avidez por aprender y la distinción de la ciudad de Moulins le permitió observar en las calles a la gente elegante que paseaba.

De su educación en aquel orfanato le quedó una enseñanza que se convertiría en su sello ditintivo: la rigurosidad y la austeridad. Ya por entonces rechazaba los accesorios exagerados y consideraba que las joyas eran un signo de que la mujer quería convertirse en objeto del hombre. “Lleva más adornos que un árbol de Navidad” era una frase que decía siempre.

Gabreile tenía un sueño y era ser cantante de opereta. Con la ayuda de su tía Adrienne, cantaba en La Rotonde un café chantant de Vichy, un lugar típico de aquellos años. El final de una de las canciones (cargada de doble sentido) que logró cantar como solista le dio el nombre que la haría famosa: Cocó.

Así, en 1905 Gabrielle pasó a ser Cocó Chanel.

En 1910 se trasladó a Deauville para seguir a su amante Boy Capel, (un oficial de caballería que la sacó de aquel lugar) y abrió un negocio de costura con mucho éxito. Sus modelos eran revolucionarios y ella misma vestía en forma tan diferente que todas querían copiarla.
Cuando en el año 1914 abrió una sombrerería en París sus vestidos a base de jerseys y blusas blancas sin corsé ya eran famosos. Fue gracias al riquísimo duque de Westminster que logró abrir esta casa. Fueron amantes pero ella le devolvió hasta el último centavo que él le había prestado para iniciar su empresa.
Podríamos decir que fue a mediados de los años veinte que lanzó el estilo Chanel clásico, que consistía en un traje de punto de lana con una chaqueta recta y sin cuello, una falda corta a juego, que se llevaba con joyas estilo Art Déco falsas más chic que las de verdad y un sombrero marinero sobre el pelo corto. Algunos dicen que el estilo Chanel no es más que la sofisticación y la estilización del uniforme del orfanato.
También lanzó las famosas polleras tubo negras, los sobrios tailleur con una gardenia de piquet blanco como único adorno y las primeras carteras con la marca con la doble C entrelazadas.

Finalmente llegó el golpe de gracia, el perfume Chanel nº 5, uno de los perfumes que creó y que se hizo famoso en el mundo entero. La revolución de este perfume fue que incorporó materiales jamás utilizados en un perfume femenino que le daba más volumen y potencia y que además era mucho más accesible que los perfumes conocidos hasta ese momento. Cocó permitió la popularización del lujo y con su Chanel n° 5 todas las mujeres podían perfumarse y seducir. Hay un dato muy interesante que tiene que ver con el diseño del frasco del perfume más famoso del mundo: la línea del frasco está inspirada en un dibujo a carbón que Picasso le había regalado a Cocó en 1920, “La botella de perfume”.

Botella de Chanel nº 5

Cocó se convirtió en la modista más famosa del mundo. Vestía incluso a las divas de Hollywood. Comenzó a incorporar tejidos masculinos como el tweed para ropa femenina. Impuso los pantalones, la figura esbelta y los sombreros de paja.

Coco por Horst P. Horst, 1937

Durante la Segunda Guerra Mundial y la posguerra Cocó no diseñó. “No son tiempos para crear vestidos” decía. Tenía 59 años y conoció a Hans von Dinklage quien tenía 46 un oficial nazi que enamoraba a las francesas pero que eligió a Cocó. Ese romance le ocasionó la vergüenza de un proceso por colaboracionismo del que pudo salir airosa porque, como sostuvo su abogado en su defensa, “fue todo por amor”. El proceso vivido en esos años la marcó profundamente y no logró recuperarse hasta diez años después.

En 1954 dejó perplejo al mundo cuando volvió a abrir la casa de modas sin presentar ninguna novedad, simplemente revivió las mismas faldas tubo negras y los trajecitos de los años 30. Evidentemente, no se equivocó, porque en pocos meses todas las mujeres volvieron a vestir Chanel y a usar el perfume n° 5.

Coco y su Maison

Avejentada, maquillada como una trasnochada actriz de cine mudo y resentida por sus fracasos sentimentales, sólo cuando se encerraba en su casa, una habitación del hotel Ritz, volvía la Chanel frágil del hospicio de Obazine. Una huérfana de 88 años que se anclaba frente al televisor hasta la madrugada para no reunirse con los fantasmas. «Es como una enfermedad. No me decido a despegar el culo del asiento. Me horroriza ir a acostarme. Hace diez años que no me han besado en la boca…». El 10 de enero de 1971 terminó su largo reinado sobre la moda. «Seré una mala muerta. Cuando esté bajo tierra me agitaré, y sólo pensaré en regresar para volver a empezar». A los funerales de despedida asistieron Dalí, Yves Saint Laurent, Paco Rabanne y Balenciaga.

Foto de Henri Cartier-Bresson - 1964

DANZA DEL VIENTRE

enero 9th, 2006

La danza del vientre posee una dimensión terapéutica y espiritual que se remonta a un pasado lejano, cuando se practicaba en los templos sagrados de Egipto y de la India.

La danza del vientre, con el verdadero nombre en árabe de Raks el Chark («Danza del sol» o de «Ra»), surge en el Egipto anterior a los faraones relacionada a varios cultos y rituales de fertilidad femenina. La diosa Isis ejercía un importante papel interventor en esos rituales. Isis era la hermana y esposa de Osiris, y madre de Horus. Resucitó a su esposo, asesinado por su hermano Seth. Era la expresión máxima del poder creador y recreador femenino en una sociedad aún plena de elementos matriarcales, por lo menos hasta la ascensión de los faraones.
Las mujeres usaban entonces el «bastón de mando» (símbolo de poder) en sus danzas rituales, y aún hoy se conserva en los bailes folclóricos de Egipto.
Según la mitología egipcia, el vientre descubierto de la bailarina captaba la energía del sol (el dios Ra), un elemento masculino, que simboliza la fecundación. Esa «cópula» con el dios Sol era algo sagrado y exigía entrega total de las mujeres que eran predestinadas a pasar su vida en los templos dedicados a Isis y Ra.
La danza del sol o del vientre también se conoce como danza de los siete velos, o simplemente «del velo» porque sus danzarinas -que representaban a Isis en la tierra- se revelaban paulatinamente al dios Sol quitándose los velos, costumbre que se mantiene hoy en día.

Se cree que la danza del vientre surgió en la India, como homenaje al dios Shiva, cuyas constantes iconográficas son el tercer ojo de la frente, sus cuatro manos y el tocado con la luna y las serpientes. Shiva, a la vez, es creador y destructor del mundo. Esa danza sagrada entre los hindúes proporcionaba a sus practicantes la captación de la energía cósmica o prana a través de los movimientos sutiles hechos con las manos y el vientre: se atrae hacia el vientre o plexo solar y se devuelve hacia fuera, al entorno terrestre, a la naturaleza, incluido el ser humano, a modo de ofrenda.

No obstante, la danza del vientre parece tener carácter universal, puesto que ha sido practicada por varias civilizaciones del pasado. Las danzas pélvicas existían entre los celtas y ocuparon gran parte de Europa. Es posible que en el neolítico ya hubiera alguna forma menos desarrollada de este tipo de danza aunque los vestigios encontrados hasta este momento no permiten llegar a una conclusión definitiva.
En Polinesia también eran conocidas las danzas pélvicas, como se aprecia en las mujeres danzarinas del hula-hula. En la región amazónica de Brasil, las mujeres de la nación Gé‚ practicaban una especie de danza del vientre siempre en la primera noche de luna llena a la que relacionaban con la fertilidad femenina. La luna, en casi todas las culturas, simboliza lo femenino, la fertilidad y la regeneración.

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