TORMENTA
agosto 25th, 2005
Este cielo impresionante se veía desde la ventana de mi casa la semana pasada. Fue un espectáculo que duró bastante tiempo, desde el cielo negro, pasando por unos arco iris y después, estas pinturas. Que lo disfruten.

Este cielo impresionante se veía desde la ventana de mi casa la semana pasada. Fue un espectáculo que duró bastante tiempo, desde el cielo negro, pasando por unos arco iris y después, estas pinturas. Que lo disfruten.
El arquetipo de la Mujer Salvaje reside en las entrañas, no en la cabeza. Ella puede rastrear y correr y convocar y repeler. Puede percibir, enmascarar y amar profundamente. Es intuitiva, típica y normativa. Es absolutamente esencial para la salud mental y la salud del alma de las mujeres.
Ella es el alma femenina. Sin embargo es más que eso: es la fuente de lo femenino. Es todo lo que pertenece al instinto, a los mundos tanto visibles como ocultos -ella es la base. Ella es intuición, es capaz de ver claramente a distancia, es capaz de escuchar a profundidad, es de corazón leal. Alienta a los humanos a permanecer plurilingües, hábiles en los lenguajes de los sueños, la pasión y la poesía. Ella es la voz que dice: «Por aquí, por aquí.» Ella es quien levanta estruendos contra la injusticia. Ella es por quien abandonamos el hogar para buscarla. Ella es a quien regresamos a casa. Ella es lo que nos mantiene en marcha cuando pensamos que ya estamos vencidas.
Unirse a la naturaleza instintiva no significa desatarse, cambiar todo de derecha a izquierda, de negro a blanco, moverse de este a oeste, actuar como loco o fuera de control. No significa perder las socializaciones primarias propias o volverse menos humano. Significa todo lo contrario. La naturaleza salvaje contiene una vasta integridad en sí misma.
Significa establecer territorio, encontrar la propia manada, estar en el propio cuerpo con certeza y orgullo, independientemente de los dones y las limitaciones del cuerpo, hablar y actuar a favor de uno mismo, estar consciente, alerta, recurrir a los poderes femeninos innatos de intuición y percepción, reconocer los propios ciclos, encontrar a lo que uno pertenece, erguirse con dignidad, retener tanta consciencia como se pueda.
(De esto se trata la introducción a «Mujeres que corren con los lobos»)
Las hay flacas, bajas, gorditas, esbeltas, obreras, impactantes, interesantes. También las hay envidiosas, arpías, ejecutivas, solidarias, buenas madres, chismosas, simpáticas, depresivas, invasoras, optimistas, alegres. Algunas tienen el cabello enrulado, las hay que son amantes fogosas; las hay que se muerden las uñas, las que usan zapatillas y también están las que prefieren los tacos altos. Hay algunas intelectuales, otras odiosas, muchas adorables. Las hay expeditivas, vuelteras, profesionales, rubias, previsoras, dispersas, excelentes cocineras, graciosas. Están las que tienen las uñas largas, y las que son creativas. Están las que iluminan todo cuanto tocan y las que son incapaces de hacer crecer un malvón. Están las que dejarán una huella imborrable en la historia y están aquellas que pasarán calladas y en silencio por la vida. Las hay en todos los talles, colores y formas. Viven en casas, departamentos y cuartitos. Manejan, vuelan, caminan, corren, se arrastran, ruegan, ofrecen, calman, enervan, gritan, lloran, esperan y desesperan. Están las que aman a los hombres y también las que aman a las mujeres. Están las que cobijan y protegen y las que abandonan y huyen. Están las que siempre desearían ser otras, las que buscan lo que no tienen y las que gozan con lo que hay. Están las que se lamentan de su suerte y las que se ríen de sí mismas (muchas veces por no llorarse…) Están las que usan jeans y las que prefieren los batones. Las hay teñidas y también feúchas, están las que son ingeniosas y las que odian el verano. Algunas son insignificantes, otras tiernas. Muchas usan trajecitos y están las que nunca tienen qué ponerse. Están las bohemias, las que siempre tienen algo que acotar. Están las religiosas, las ateas y las esotéricas. Las que leen los horóscopos y las que viven vidas ajenas por carecer de una propia. Están las que son felices siendo amas de casa y también las que no lo son. Las hay casadas, solteras o divorciadas. Están las que tienen amantes y las que sueñan con el príncipe azul…
Y más, y más y más…
Hace días que no revisamos el cajón del baño y hoy en este cajón vamos a hablar de ellas: las lolas.
(Para quienes es la primera vez que vienen a este blog y les llama la atención saber qué hay en este cajón, vayan al cajón del baño en las categorías de la derecha).
Con esta parte de nuestro cuerpo nos pasa que las que las tienen grandes las quieren más pequeñas y las que las tienen pequeñas, las quieren grandes… (como con el cabello: las lacias, quieren rulos; las crespas, quieren liso…)
En fin, justamente gracias a ese descontento casi generalizado (no quiero decir que a tooodas las mujeres nos pase lo mismo porque no es verdad… pero casi casi a todas), así que, decía que gracias a esa inconformidad es que la imaginación de quienes se ocupan de estas cosas se desarrolle hasta límites insospechados.
Por un lado, tenemos toda la parte cosmética, que suma frascos y potes a los que ya atesoramos en nuestro baño: cremas tonificantes, reafirmantes y exfoliantes. Sugerencias absurdas como que debemos evitar el agua caliente en esa zona y por el contrario debemos aplicar chorros de agua helada, o incluso cubitos de hielo, dicen que eso produce un “efecto lifting”… qué sé yo qué decirles…
También hablan descaradamente de unos aparatos para hacer crecer las lolas: aparatos para succionar y masajear el busto que yo no creo que produzca más que moretones y un dolor horriiiiiible… Y no conformes con los aparatos, existen hasta pastillas “incrementadoras del busto”… IN-CRE-MEN-TA-DO-RAS… ¡¡¡¡Ladrones, mentirosos!!!!
Claro que para “incrementar” el busto, podemos sencillamente usar corpiños o sostenedores con push-up o con relleno o con aro.
Pero si lo que queremos es reducir, entonces tenemos corpiños reductores, o con refuerzo, también con aro, pero esta vez para levantar y luchar contra la gravedad
Es muy impresionante lo rápido que las revistas dedicadas a estos temas de “belleza femenina”, recomiendan tan ligeramente las cirugías estéticas tanto para reducir como para aumentar el busto. Y hasta sabemos que crece año a año las estadísticas de chicas adolescentes que piden como regalo de cumpleaños de 15 una operación para ponerse lolas!!!!!!!!! Me parece tremendo, no sólo que se les ocurra pedir eso sino que muchas veces sus madres y padres aceptan…
(Perdón, quería mantenerme en el tono irónico pero hay cosas que me sacan un poco de tema… )
Entonces, sigamos con el recorrido por los corpiños y sostenedores. Con costuras, sin costuras, con siliconas, con breteles invisibles o sin breteles o hay unos que se pegan directamente sobre el busto como unas sopapas y que incluso son transparentes.
De tul, de lycra, de algodón. Con estampado “liberty”, blancos, clásicos, de encaje, maternity, supersexys o superantiguos… creo que la lista podría ser interminable en formas y tipos y colores.
Igual de interminable podría ser la lista de los tipos de lolas… ¿tantas como mujeres?